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La Crucifixión, por ser el punto central de la religión cristiana, es un momento representado con frecuencia en los países de tradición cristiana a través de los siglos. En su representación el dramatismo de la muerte es esencial, pero los artistas responden a condiciones que reflejan estilos y actitudes religiosas diferentes. Así, nada en la pintura española ofrece el patetismo de Grunewald (1470-1528), ni la humanidad de Rubens (1577-1640). Velázquez (1599-1660), dando más énfasis a la divinidad que a la humanidad física de Cristo crucificado es quien ha expresado el momento de manera más concorde con la espiritualidad española.
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